Sonó el timbre un domingo por la tarde y los Punchis se quedaron de piedra.

Jefe, ¡el timbre! ¡Todos a modo peluche!
Un domingo por la tarde sonó el timbre. Visita en casa. Y los Punchis tuvieron que hacer lo más difícil de su carrera: estarse quietos.
✦ 6 viñetas · 2 minutos de lecturaSonó el timbre un domingo por la tarde y los Punchis se quedaron de piedra.

Jefe, ¡el timbre! ¡Todos a modo peluche!
Llegó un amigo de su amiga. Misión inmediata: parecer peluches normales.

Respirad lento. Un peluche no piensa.
El visitante abrazó al más suave. El Punchi aguantó sin pestañear.

Soy suave. Soy suave. No me muevo.
Mientras jugaban, dos Punchis sacaron una galleta con muchísimo sigilo.

Operación Galleta. Fase uno: no crujir.
Pero las migas hablan. El amigo miró al sospechoso con una ceja levantada.

Qué raro. Este peluche huele a chocolate.
Al despedirse, el amigo les guiñó un ojo. Quizá no se había creído lo de los peluches.

Jefe... creo que nos ha pillado.
«Sí. Y seguro que volverá.»
El sol se fue a dormir. Los Punchis, tranquilos: su secreto, de momento, estaba a salvo.
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